Hache se atreve a criticar

lunes, marzo 31, 2008
Paraíso Travel

Pasado un rato de estar viendo la más reciente realización del director colombiano Simón Brand, me fijo en el tiempo transcurrido y me asombro de ver que estaba apenas en la mitad de la película. Y es que Paraíso Travel es sin duda extensa, demasiado extensa y no me refiero con esto a su duración, sino a los grandes problemas de ritmo de los cuales adolece.

El ofrecerle a Simón Brand dirigir este largometraje, responde quizás a la nueva moda de hacer de directores de videoclips y comerciales, realizadores de producciones cinematográficas de larga duración, y aunque en algunos casos a dado muy buenos resultados (Véase los filmes de Michel Gondry), el trabajo de Brand está lejos de ser elogiable.

Inicialmente lo vimos en su debut cinematográfico con Mentes en blanco que pese a ser un proyecto que inició después de Paraíso Travel, se estrenó primero. Aquí vimos a un director algo torpe, a quien claramente se le dificultó matizar su narración y que no supo sacar provecho de las secuencias y momentos de tensión dentro de una historia que de por si se presentaba como algo poco plausible.

Ahora, en su segundo trabajo, vemos nuevamente esta torpeza en su inconsistencia rítmica y en una clara dificultad por dejar a un lado una narración de videoclip en diversas secuencias las cuales, a su vez, son las de mejor ritmo, pero a cambio sacrifica la cohesión con el resto de la narrativa.

Ya habiendo destacado el mayor de los problemas de la película, se puede dar paso a hablar de otros aspectos como los personajes y los actores que los encarnan. Marlon, el personaje protagónico, carece de un buen desarrollo, es simple, aun peor, insípido. Pasa por la historia haciendo y viviendo infinidad de situaciones en su mayoría demasiado convenientes, vemos un sinnúmero de fragmentos aleatorios del día a día de este inmigrante ilegal, aspecto que ocupa la mayor parte de la película. Marlon cae, Marlon se levanta, Marlon cae de nuevo y al final Marlon se levanta orgulloso por haber “crecido”, la típica estructura de tres actos con un final glorioso, casi empalagoso, del héroe.

Por su parte Aldemar Correa, actor que interpreta a Marlon, presenta una expresividad tan simplona como la de su personaje, sin embargo no logro distinguir si esto es por la poca perfilación de Marlon o por que Correa en verdad carece de habilidades como actor.

El rol protagónico femenino, Reina, se presenta como retazos de una joven colegiala impulsiva, agresiva y coqueta, características que normalmente permitirían un desarrollo al menos medianamente interesante del personaje, pero no, como dije, se presenta a manera de retazos y bajo una sobreactuación casi insoportable de la actriz Angélica Blandón.

Sin embargo, son destacables los personajes secundarios de Jhon Leguizamo (Roger) y Margarita Rosa de Francisco (Raquel). El primero nos deleita con sus excentricidades artísticas y sexuales y su buen humor; con esa vibra de vivir la buena vida así esté en condiciones económicas precarias, además de una dificultad muy característica en su habla y cuenta con una muy buena interpretación de Leguizamo. El personaje de Margarita Rosa de Francisco, aunque caricaturesco, es bien definido en su alcoholismo y personalidad decadente, además de un maquillaje que genera verdadera repulsión, esto acompañado por una actuación agradable de la actriz colombiana.

También hay otros personajes secundarios que parecen presentarse para poder desarrollar la historia, pero que no aportan mayores elementos a la misma, ante todo el de Milagros, interpretado por la bella actriz mejicana Ana de la Reguera, quien al parecer debería tener mayor importancia dentro de la historia siendo la “salvación” personal del protagonista, pero que no se siente con mayor fuerza; es también un elemento que se presenta a manera de retazos sueltos.

Por demás, Paraíso Travel es una producción notablemente experimental, se siente a flor de piel como el trabajo de un primerizo del cual, por el momento, no se puede esperar mayores logros en este campo. Aunque cabe resaltar que posee un trabajo de fotografía agradable, ante todo adecuado, una muy buena banda sonora, una fascinante presentación de los créditos finales y en términos de producción es quizás el proyecto más grande y costoso llevado a cabo en lo que va del cine colombiano.

Pero creo que es este aspecto de la producción es lo que lleva a buena parte de la crítica y el público a afirmar que es un muy buen trabajo, pues lo analizan en términos comparativos con la historia fílmica de este país, ya que “Para ser cine colombiano no está nada mal”, pero eso es siempre una mera justificación que facilita la entrada y aceptación de la mediocridad.

posted by Hache @ 11:28 p. m.   0 comments

miércoles, enero 09, 2008
Dear Frankie
Otra película en donde se aborda el tema de la falta de un padre, otra en donde hablan del maltrato físico que sufren las mujeres por sus maridos y la disfuncionalidad familiar, otra película con todos estos tópicos y aún así, está muy lejos de ser mala.

“Querido Frankie” es el debút cinematográfico de la directora escocesa Shona Auerbach y de la guionista Andrea Giba. Inició en 1997 como un cortometraje de menos de quince minutos, pero desde ese entonces, la directora afirma haber quedado con la historia metida en su cabeza he hizo lo imposible por convertirlo en un largometraje.

La película resalta por su sencillez, por la humildad de una gran narración sin ninguna intención de ser pretenciosa, es lo que es y no intenta ser más. Es sincera, sin situaciones reforzadas pese a que se presta para ser exagerada con demasiada facilidad, como resulta con miles de producciones que se adhieren al dramatismo exacerbado y se hacen llamar a si mismas películas con corazón.

A diferencia de muchas películas de temática similar, “Querido Frankie” aborda estos temas tan dramáticos y crudos de la realidad desde una perspectiva optimista, huye de la tragedia, del cinismo muchas veces tan agobiante, del juicio moral y ofrece una mirada amable sin que por eso se pierda entre la melosería, en lo demasiado dulce y hostigante.

La narración es casi perfecta, si bien no es compleja en su forma o estructura, no se presta para ser previsible, el espectador esta constantemente a la expectativa de que sucederá a continuación, pero lo hace sin perder la calma, pues el ritmo de la película se presta para disfrutar de ella con pasividad, sin afán y ante todo sin aburrirse.

Sus personajes se van desarrollando a medida que transcurre la historia, permitiéndonos sentir empatía hacia cada uno de ellos. Frankie, el niño sordo que pese a sus limitaciones no permite mostrarse como un inadaptado. Lizzie, la madre dispuesta a hacer lo que sea por proteger su hijo. El desconocido de quien nunca sabemos nada, ni su nombre, pero logramos conocer su personalidad, su mente, su corazón.

El presupuesto de la producción fue tan solo de cinco millones de dólares, lo cual viene a demostrarnos que no se necesita grandes sumas para hacer grandes obras, tan solo entusiasmo, amor y ante todo una buena capacidad de narrar, actuar y componer, por que eso sí, su banda sonora es idílica, no solo por la diversidad de canciones que en ella se concentran, sino también su melodía central, un piano sencillo y hermoso. Perfecto.

Con esta historia de mentiras blancas nos adentramos en el mundo de personas reales mas no por eso menos interesantes, todo lo contrario, son películas sinceras como “Querido Frankie” las que nos recuerdan que la realidad es también muy interesante, sin necesidad de forzarla y convertirla en tragedia o comedia shakesperiana, nos recuerda incluso que lo real, lo sincero puede ser aun mucho más impactante, mucho más memorable.

posted by Hache @ 8:27 p. m.   0 comments

lunes, diciembre 10, 2007
The Woodsman (El Leñador)
Alguna vez escuche decir a un critico colombiano que criticar una película que nos resulta mala es supremamente más fácil que criticar aquella que en verdad nos ha cautivado.

En esta ocasión, como en algunas otras, me encuentro ante esta innegable afirmación, pues al ver “The Woodsman”, termino con un gran deseo de hablar sobre ella, de escribir y poner en palabras lo maravillado que quedé al ver una opera prima de semejante calidad, pero sin saber como iniciar.

La producción es del 2004 y es el primer trabajo como directora de Nicole Kassell, quien también tuvo su participación en el guión de la misma. El film es la adapatación de la obra de teatro del mismo nombre de Steven Fetcher, quien trabajo al lado de Kassell en la creación del guión.

El film trata un tema un tanto escabroso, bastante delicado y que pocas veces ha sido retratado en el cine o en cualquier medio en general, y es que un tópico relacionado con abusos infantiles no suele ser algo que muchos productores o directores entre otros busquen tocar, pues de entrada tiene un rechazo casi unánime por parte de un buen porcentaje del público, de ahí que resulta sorprendente el que este sea el tema de una opera prima.

Pero a diferencia de otras narraciones en este caso vemos una alta dosis de sinceridad, la directora claramente no ha buscado ubicarse en una posición acusatoria sobre esta clase de actos, se mantiene en la frontera del moralismo sin caer por ello en una especie de defensa del personaje protagónico Walter, interpretado magistralmente por un Kevin Bacon bastante maduro en su profesión.

Su estructura narrativa es sencilla, mas no por eso simple. Es de ritmo pausado, decisión muy pertinente para contar esta historia centrada por completo en el desarrollo de sus personajes, y es precisamente este ritmo el que nos permite acercarnos más al humanismo de Walter, al humanismo de esa batalla personal que enfrenta en su día a día, así como nos permite acercarnos y encontrar simpatía en su “novia” Vickie, quien bajo su actitud ruda esconde, al igual que Walter, sus propios secretos del pasado.

No se encuentran buenos muy buenos, ni malos completamente malos. No, nos enfrentamos a humanos defectuosos, que intentan mejorar y aun así al final no hallamos respuesta alguna, no encontramos una posición acusatoria en ningún sentido, ni se redimen del todo en sus actos, solo continúan, pero con un halito de esperanza mayor que el existente al inicio de la historia.

Es aquí donde se concentra la majestuosidad de esta obra, en lo muy fácil que es encontrarnos de algún modo u otro simpatizando con aquel con quien no se suele simpatizar, en otros términos, y parafraseando, nos situamos con facilidad en lo zapatos del otro y entonces, al igual que su directora, no los juzgamos, simplemente deseamos lo mejor para ellos.

Y al acabarse la película, quedamos con una sensación un tanto desoladora, pero del mismo modo quedamos también con un halito de esperanza y con un gusto enorme de haber visto un muy buen primer largometraje de una directora que nos recuerda que incluso las primeras veces pueden estar a la altura de aquellas producciones a cargo de los mas experimentados directores.
posted by Hache @ 2:13 p. m.   0 comments

lunes, julio 24, 2006
Orgullo y prejuicio
En cuanto aparece en la cartelera de cine una película adaptada de un libro de Jane Austin sobre una historia de amor ubicada en tiempos de duques y duquesas, mansiones y bailes, adornada con la coquetería de cinco hermanas que ríen entre dientes por cualquier bobada u hombre (que es a veces lo mismo) que se les presenta frente a sus narices, resulta inevitable predisponerse y esperar muy poco de ella.

Y es que no hay nada peor, nada mas decepcionante, que esperar mucho de una película y sentarse en la sala de cine para descubrir lo pésima que resulta, sin embargo el efecto contrario, aquel que resulta de esperar muy poco de algo que termina por ser excelente, es también grandioso, e incluso, a veces, mejor, pues te coge por sorpresa, tal como me sucedió con “Orgullo y Prejuicio” del debutante Joe Wright.

Con tan solo la primera escena, con los rayos del sol despertando y asomándose entre las ramas de un hermoso paisaje londinense, la película te prepara para un despliegue técnico muy bien elaborado, te prepara para una fotografía hermosa que hace provecho de los panorámicos paisajes del campo londinense, un manejo de cámara espectacular, acompañado también de una muy bella banda sonora y excelentes interpretaciones.

Algunos han osado compararla con “Sense and sensibility” (Sensatez y sentimientos) de Ang Lee, pero a mi juicio es esta una comparación inadecuada, siendo la película de Joe Wright muy superior. En ella este director nos demuestra que no por ser una primera vez, se debe ser mediocre, aquellas expresiones como “Pues para ser la primera…” son meras justificaciones de un producto carente de calidad, y producciones como estas demuestran que las primeras veces pueden ser tan bien logradas como aquellos que han obtenido años y años de experiencia.

Alguna vez escuche a un director afirmar que “Cualquiera puede dirigir una película, si tienes un buen fotógrafo y un buen sonidista, ellos te harán la película por ti” y en cierta medida está en lo cierto, sin embargo eso no elimina una muy buena laborar de dirección en caso de presentarse. Y es que Wright demuestra claramente haber sabido desde un inicio que buscaba en cada uno de sus planos.

Pero lo más memorable, en cuanto a logros técnicos y narrativos, son los múltiples planos secuencia que se emplearon, siendo el primero, aquel que se presenta en la noche del primer baile, con una duración de diez minutos aproximadamente, en la que se entrecruzan múltiples personajes en un sin fin de situaciones, es todo un logro, e impresiona que sea producto de un “novato”.

Factores de esta índole le impregnan a la narración un ritmo exquisito, es una verdadera delicia presenciar esta película, sentarse a ser entretenido con imágenes bellísimas, con una composición muy detallada; dejarse llevar de la mano y vivir una historia de amor que a su vez deja espacio para una alta dosis de risas, planos largos cuando deben serlos, calma cuando se necesita, velocidad cuando se hace necesaria, es simplemente narrada de manera magistral.
En este punto sería casi una blasfemia no hablar del desarrollo de los personajes y las excelentes interpretaciones de los actores y actrices.

En cuanto a lo primero, pues es innegable la fuerza de Elizabeth, personaje principal interpretado con gran genialidad por la bellísima Kiera Knightley, quien interpreta una chica inteligente, fuerte, astuta y muy desenvuelta en medio de una sociedad machista por excelencia y una época de alcurnia exacerbada. Una chica decidida que tiene muy claro que busca y de que huye, sin caer en el cliché de heroína norteamericana que resulta como ejemplo a seguir. Por su parte la señorita Knightley realiza también su labor que hace sentir que ella es también así, su interpretación es muy creíble, lo suficiente para sufrir por y con ella.

Por su parte el actor Matthew Macfadyen, quien interpreta a Kent Darcy, realiza una interpretación digna de realizar junto a su coestrella. Su personaje es una sutil mezcla entre la amargura y la pasión y tiene gran fuerza en cuanto entra a escena, ya sea en medio de una discusión o en medios de conversas que producen risas y sonrisas por la astucia de sus diálogos.

Pero el mayor de los aciertos de esta película, radica en la excelente decisión directoral de concentrarse por completo en los personajes principales, sino también cargar a los secundarios de una importancia tal, que por momentos, son quienes importan. Es muy acertado el brindarle una historia personal a cada uno de los participes de esta historia, las hermanas, los padres, las amigas e incluso los aparecidos tienen su historia por contar y lo hacen bien hecho.

Las hermana, simplemente excelentes, en especial Penélope Wilton, quien interpreta a Jane, la segunda de las hermanas, quien prácticamente tiene una historia tan primordial como la de la protagonista. La madre de las cinco es sumamente graciosa, y aunque a veces cae en el cliché de mujer senil en búsqueda de plata a través de matrimonios por conveniencia, no resulta desagradable; y por ultimo encontramos a un magistral Donald Sutherland haciendo las veces de padre comprensivo, inteligente y muy calmado.

Orgullo y Prejuicio sorprende, atrapa al espectador de manera desprevenida y lo lleva a través de una historia de gran deleite, si bien es una típica historia romántica cuyo desenlace se prevee con gran facilidad y quizás se halla visto ya demasiadas veces, no importa, pues son película s como estas que nos recuerdan que no importa cuantas veces escuches una misma historia, no importa que tan bien se conozca, siempre y cuando sepan contártela bien contada, con clase, con gracia, con pasión y amor y Orgullo y Prejuicio y reúne cada uno de estos elementos de la manera mas agraciada posible.

Nota: Cabe aclarar que el modo en que disfrute de esta película quizás me halla opacado un poco una posición critica de la misma, pero a veces basta con disfrutar de una cinta sin importar que tan buena o mala realmente sea.
posted by Hache @ 5:00 p. m.   2 comments

miércoles, julio 12, 2006
El código Da Vinci
En estados Unidos fue un éxito de taquilla, esto debido, a mi juicio, a la gran estrategia publicitaria que la iglesia brindó a la película con o sin intención, pues al afirmar en público que era una herejía, una blasfemia y que sus realizadores y colaboradores deberían ser excomulgados de la iglesia católica, era previsible que las salas de teatro se llenarían por el simple hecho de saber a que se debía tanto alboroto.

Sin embargo, en Latinoamérica el éxito de la película jamás existió, tampoco fue un total fracaso, simplemente fue una más de muchas producciones extranjeras que llegan este sector del mundo. En Colombia fue solo una película más, tanto así que la segunda parte de La Era del Hielo la superó con creces en taquilla.

Sin embargo había que ir a verla y lo hice y en cuanto salí entendí a la perfección el poco impacto de la película.

Dejo en claro que no está mal hecha, todo lo contrario, es muy bien realizada, muy limpia en su registro, en su producción, como todo lo que hace Ron Howard que es uno mas de los muchos directores norteamericanos que optan por lo seguro; el problema radica es en lo común, en lo demasiado típica que resulta la narración de esta película que más que herejía parece un discurso religioso plagado de acción.

Eso es el Código Da Vinci, una película de acción con misterios y acciones detectivescas que resultan demasiado elaboradas para ser creíbles. Su extensísima duración de dos horas con cuarenta minutos, sin lugar a dudas, se siente demasiado pesada y la excesiva aparición de personajes que se presentan al parecer sin mayor motivación que la de complejizar la trama, es muy agobiante.

La película tiene muchos logros visuales, hay tratamientos que el director decide hacer a sus imágenes que impactan, agradan, pero no parecen aportar mucho al desarrollo de la misma e incluso, aveces, por bien hechas que resulten, no se mantienen en concordancia con el resto de la producción.

En cuanto a las actuaciones pues, me permito despotricar de Audrey Tautou (Amelie), quien quizás debió quedarse en Francia con buenos directores e interpretando personajes lindos y a veces empalagosos, lo mismo digo de Jean Reno a quien siempre recordaremos por su excelente actuación en El perfecto asesino y su total fracaso en Godzilla.

En cuanto a Tom Hanks, pues, no se niega su excelente histrionismo, pero a veces (muchas) le falla el criterio y su tenacidad se esconde en la escogencia de sus papeles, en esta ocasión, como en muchas otras, es simplemente normal, nada memorable.

A quienes si se rescata es a Paul Betany (El monje) quien encarna muy bien el drama de un fanático religioso en servicio del Opus Dei y al inolvidable Ian Mckelen, reconocido ante todo por su interpretación de Gandalf en la trilogía épica de Meter Jackson. Es innegable que excelente interpretación de Mckelen hace en esta producción, la energía con la que carga la pantalla es incomparable eclipsando por completo a sus “iguales”.

Por demás, la película es simplemente una más de una extenso listado de producciones olvidables, es demasiado extensa y parece de nunca acabar, digna del libro del cual surgió y en cuanto a los “escándalos religiosos” pues eso radica en la mente de cada espectador, quien verá si lo considera plausible o no.

Puede ser vista como una apología al entramado muy elaborado y cargado de acción del libro, pero del mismo modo puede ser visto como una exaltación de todos los baches y errores de la novela, en otras palabras y citando a Kirk Honeycutt -The Hollywood Reporter- quien ya ha dicho lo mismo y de una mejor manera, “lo que ves depende de lo que creas. Algo así como la religión en sí misma”.
posted by Hache @ 4:04 p. m.   1 comments

lunes, junio 12, 2006
C R A S H
Hace aproximadamente un año, Clint Eastwood arrasó nuevamente en taquilla con su producción “Million Dollar Baby” (Golpes del destino). Este trabajo ganó cuatro Oscars de los siete a los cuales estuvo nominado. Entre dichas nominaciones se hallaba la de mejor Guión adaptado, el cual, de haber sido ganado, le sería otorgado a un nombre aun poco conocido, quizás destacado más por sus trabajos en televisión como “Texas Ranger” protagonizada por Chuck Norris. Me refiero al ahora muy reconocido Paul Haggis.

Crash es la opera prima como director de este cineasta estadounidense. Si bien, fue muy reconocido por su trabajo en Golpes del Destino, a mi parecer era de esperarse que alguien que escribiera un guión como ese sacara una película como CRASH, digna de las mil y un gringadas tildadas como maravillas del séptimo arte.

En términos de producción no se puede negar la gran labor realizada, al fin y al cabo el registro visual de la película es excelente y posee una fotografía y una cámara digna de una producción norteamericana que poco falla en sus aspectos técnicos, pero también es digna de ser norteamericana por sus pretensiones absurdas y desbordadas.

En cuanto inicia no falla en atrapar al espectador con un excelente dialogo o monólogo del actor Don Cheadle, “Es el sentido del tacto… quizás extrañamos ese sentido tanto, que colisionamos uno contra el otro por el simple hecho de sentir algo”; rápidamente pasamos a otro discurso, pero sobre el racismo y es este el punto de partida del resto de la trama, o mas bien el concepto que atraviesa a toda la película.

Desde el momento en que salen dos personajes de raza negra despotricando sobre el servicio que han recibido en un restaurante y otorgándole motivos racistas, la película va cuesta abajo saturando al espectador de lo mismo una y otra vez, prácticamente obligándolo a pensar del mismo modo y no permitiéndole respirar si quiera un poco.

La trama brilla por su pretensión y ante todo por lo demasiado conveniente que resultan las diferentes situaciones para el desarrollo de la historia. Simplemente es demasiado forzado, no es en absoluto creíble y ante todo satura, colma cualquier nivel de paciencia para salir de la sala con una sensación de hastío ante semejantes discurso tan cliché, quizás cierto, pero entonces la forma en que lo realizan simplemente padece de muy poca originalidad y demasiado odio como para ser respetado.

Lo más interesante es como Paul Haggis, en su travesía de criticar el racismo, termina creando un discurso excesivamente racista. Ninguno de los personajes que pierden el control son blancos norteamericanos. Tan solo los de personajes de color y los inmigrantes son quienes gritan, sacan pistolas de repente, causan estragos etc. Y curiosamente el único personaje que logra reivindicarse de sus actos es el policía blanco.

Sin embargo, es también innegable diferentes logros alcanzados en secuencias como las del accidente y la de la niña latina en brazos de su padre. Secuencias que funcionan solas por desgracia apara la película, un tanto efectistas, pero muy efectivas y que realmente conmocionan.
Por demás, destacando además la actuación de Matt Dillon que a decir verdad me sorprendió y la de la hermosa Thandie Newton, CRASH es una película que molesta, que abusa de lo mismo una y otra vez y exagera las situaciones según convenga para el director, quien claramente no se desenvuelve bien en la resolución de una trama que no posee un terreno sólido, o al menos no lo suficiente como para ser creíble.
posted by Hache @ 5:08 p. m.   2 comments

viernes, junio 09, 2006
CAPOTE
Ya han pasado poco más de tres meses desde que se llevó a cabo la ceremonia de los Oscar. Muchas de las cintas que en ese entonces brillaron por su nombramiento en dicho evento, ya han sido olvidadas o son recordadas como cosa del pasado y nada más. Sin embargo, hay lugares, como Popayán, donde muchas de esas cintas recién serán estrenadas, como es el caso de Crash, Brokeback Mountain y Capote.

Ya he mencionado en reiteradas ocasiones como los OSCAR son un simple voto de simpatía cuyo verdadero significado radica en lo comerciable de un producto y poco en su valor artístico. Imagino que esperarán que en este caso, en el que me compete hablar de Capote de Bennett Millar, me resulte como la excepción de la regla, pero a decir verdad no lo creo. Capote es una película merecedora de sus respectivas menciones en los OSCAR.

De entrada es justo decir que no es una película de baja calidad artística, que no es “mala” y que vale la pena entrar a las salas de cine a verla, pero creo que es también justo decir que esta producción no marcará en absoluto un hito, una época, no. Capote será simplemente una película más, recordada quizás por la actuación más reconocida de Phillip Seymour Hoffman.

En esta producción no encontramos la mejor y más grande propuesta de novedad en su narración, en eso es muy sencilla. No encontramos la más grandiosa dirección de un hombre visionario, ni tampoco nos topamos con nuevos conceptos fílmicos que nos desvían la mirada a un futuro incierto pero atractivo del cine. Nada de eso, simplemente es una película sencilla.

Pero cabe resaltar que lo sencillo no es malo, al contrario, muchas veces es la mejor característica de una obra, pero en este caso lo sencillo es simplemente eso, sencillo, no es un elemento de gran belleza y de sinceridad con el público, es simplemente una característica de la película y nada más.

Miller no se arriesga en su obra, opta claramente por jugársela “por lo seguro”, que no es necesariamente algo errado, pero tampoco es lo más atractivo, menos aun si consideramos que nos encontramos en una época en donde se especula que ya todo ha sido creado, con más razón debe el arte y el artista proponer, en lugar de repetir las formulas seguras, las que garantizan un éxito.

Obviamente estoy obligado a mencionar la actuación del actor principal Phillip Seymour Hoffman, pues con tanto revuelo que con ella se ha dado, sería demasiado extraño no hablar de ella en esta columna.

Y es que Hoffman demuestra por enésima vez que es un gran actor, lo único que me molesta de este reconocimiento es que lo hacen y resaltan como si fuese un primerizo, como si su aparición en la pantalla grande no fuera ya cosa de años.

En su interpretación de Capote sin duda logra destacar lo mejor de su capacidad actoral y sin duda merecía el reconocimiento que obtuvo con ello, pero no por ello se debe opacar anteriores actuaciones de Hoffman quien junto a John C. Reilly y William H. Macy lo considero como uno de los mejores actores que suelen interpretar papeles secundarios, aquellos roles que sin ser protagónicos, son esenciales y le dan vida a la película.

Este genio de la actuación ya había resaltado ante mis ojos hace nueve años con su papel de gordo, aberrante e incomprendido en la polémica “Happiness” (Felicidad) de Todd Solondz, o en “Nadie es perfecto” en donde interpretó su segundo rol de homosexual junto a Robert Deniro, siendo “Boogie Nights” de P. T. Anderson la primera película en donde interpretó un personaje de esta índole y que fue precedida por la obra maestra del mismo director “Magnolia” en donde Hoffman brilla nuevamente, como solo él y otros pocos saben hacerlo.

Ya en Capote, Hoffman es reconocido de manera “masiva”, ya no es uno más del reparto sino que es la película misma. El, todo el y nadie mas que el hacen de Capote una obra digna de un autor reconocido en la historia como uno de los mas grandes e importantes del siglo XX. Sus movimientos amanerados, la colocación sutil de una mano sobre la otra mientras cruza las piernas, su voz e incluso la manera de mover los labios y parpadear, todo en su interpretación se acerca mucho (demasiado), según dicen, al verdadero y ya no tan único Truman Capote.

Es triste quizás que este personaje opaque tanto al interpretado por la excelente actriz Catherine Kinear: Harper Lee y más doloroso resulta como un actor de la talla de Chris Cooper queda relegado casi al olvido en su papel de jefe de policía.

Por lo demás Capote es sin duda una película más del amplio listado de películas norteamericanas que no dan, ni quitan. Capote es lo que es y nada más. Sirve para el momento, para verla y quizás recordarla, pero eso si, venerarla nunca.
posted by Hache @ 11:36 a. m.   3 comments

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